Galicia ha ardido por los cuatro costados, más de cien fuegos provocados estratégicamente por un grupo de terroristas ecológicos han sembrado la confusión urbana y rural con el doble objetivo de poner en jaque al gobierno autonómico y al central. Nadie tiene duda de que esta operación tenía unos objetivos políticos y sociales, salvo obviamente los cerebros grises que están detrás y que han pergeñado al dedillo la quema de montes escalonada situando sus focos en lugares de difícil acceso, también los que ahora siguen con maniobras de distracción tratando de sacar réditos políticos.
Por supuesto, que igualmente esta operación tiene unos objetivos económicos, sacarle partido a la madera y a posibles recalificaciones en zonas costeras. De manera que negar que haya existido una trama organizada, es como negar que en Galicia se habla gallego. La pregunta oportuna es: ¿quiénes ha quemado los montes y qué trama les ha pagado por ello? Tiempo al tiempo.
Sin embargo, sigue siendo sospechosa la idea de aquellos (ellos saben a los que me refiero) que tratan de desviar la atención culpabilizando a brigadistas despechados por no haber sido contratados, de la misma forma que los otros que acusan al nuevo gobierno gallego de haber desmontado el eficaz dispositivo que tenía el anterior gobierno del P.P, al tiempo, que en el mismo paquete meten al gobierno de Zapatero, y dicen que éste se esta cargando el Estado. Ya sólo faltaba que culparan a Zapatero de haber quemado los montes, claro que todo el mundo sabe que estaba de vacaciones en Lanzarote. Hasta el momento que el asunto se puso jodido y Zapatero visitó Galicia, pues qué curioso que nada más llegar al aeropuerto de Santiago, los pirómanos quemaban los montes que hay alrededor del aeropuerto. Otra casualidad, más.
Dicho lo dicho, ya hablan supuesto algunos que soy un amigo de Zapatero. Y que estoy subvencionado y pertenezco al colectivo de los orgánicos, en los que militan Suso del Toro y Manuel Rivas. Pero esos algunos que ningunean siempre son los mismos: igualitos, igualitos que el difunto de su abuelito.
Es cosa de necios, y hay que hablarles en necio como decía el gran Lope, suponer que todos los pirómanos de Galicia se reunieron en asamblea y decidieron quemar los montes en más de cien puntos, el día D y a la hora H. Ha sido cosa de necios, o de tontilocos malvados que han calcinado unos montes que tardaran más de veinte años en recuperarse.
¿Pero cuantas hectáreas se han quemado? Esto sí que es para mearse y no echar ni gota, o sino que se lo digan a la NASA. ¿Por cierto, de dónde han sacado los datos de la NASA, le han pedido permiso para utilizar sus datos?
No lo sé, yo en este caso concreto, me atrevo a recomendarle a los portavoces del P.P, al agrimensor de “El Castillo de Kafka: “Ya era de noche cuando K, llegó. La aldea yacía hundida en la nieve. Nada se veía de la colina; bruma y tinieblas la rodeaban; ni el más débil resplandor revelaba el gran castillo. Largo tiempo K, se detuvo sobre el puente de madera que del camino real conducía a la aldea, con los ojos alzados al aparente vacío”.
Quizá en ese castillo se escondan la trama de aquellos que durante unos días han convertido a Galicia en un infierno, que ocasión ha perdido la Iglesia para condenar al infierno desde sus pulpitos a esos pirómanos.
Y terminó con lo que le dijo el gran señor de El Castillo, que algo sabrá de la trama, al agrimensor: “Pero ahora, ya que es tan amable de venir a verme personalmente, debo comunicarle, por cierto, toda la desagradable verdad. Está usted contratado como agrimensor, según dice, pero desgraciadamente no nos hace falta ningún agrimensor”.